jueves, 30 de julio de 2009

Eliminemos La Reelección

Si alguien me preguntara que opinión tengo de la reelección, le diría que es un cáncer que destruye el Cuerpo Político (el Estado) de cualquier nación; pués, el simple hecho de reelegir a una persona o a un grupo de personas, en cualquier órgano del Estado, especialmente en el Ejecutivo, por la cantidad de atribuciones que la Constitución le confiere a los presidentes, implica indubitablemente un deterioro en la institucionalidad de cualquier Estado democrático y de derecho. Y esto ocurre, porque en Estados como el nuestro que arrastran deficiencias en este sentido desde su conformación, los presidentes y demás funcionarios, son visualizados como una especie de dioses terrenales, omnipresentes y todopoderosos, que ven robustecer esta percepción que la sociedad tiene de ellos, cada vez que logran mantenerse o perpetuarse en el poder haciendo uso de una serie de artimañas, que suelen doblegar la voluntad popular, víctima del clientelismo político; logrando de este modo ponerse por encima de las instituciones estatales, las cuales "administran" como patrimonio familiar donde el nepotismo y el tráfico de influencia se sobreponen a las normas internas de esas entidades públicas, en perjuicio de la mayoría. Además, aunque los funcionarios sean preparados y logren el desempeño que la sociedad espera al frente de las instituciones públicas, no le veo sentido ni ventaja de ningún orden para la ciudadanía, mantener al frente de ellas a una misma persona mas allá de un período constitucional.
Es importante destacar, que el establecimiento de un límite constitucional al ejercicio del poder, no es obra de la casualidad, sino que obedece a un criterio progresista y revolucionario del constituyente, que ha querido garantizar la renovación del mandato popular cada cierto tiempo, lo que obviamente contribuye al fortalecimento democrático e institucional de cualquier república presidencialista como la nuestra. Por lo que entendemos, que la reelección constituye una paradoja que viola el espíritu constitucional al respecto, ya que de lo que se trata es de renovar, cambiar, avanzar, sustituir... que es la única forma de alcanzar el progreso general de una nación y no el de unos pocos ensalzados en un poder, que podrá ser constitucional, pero pocas veces legítimo.

En tal sentido, podemos afirmar, que todo proyecto reeleccionista promueve y alimenta necesariamente la corrupción y un servilismo denigrante, que no es mas que el resultado de la ambición desmedida de un reducido grupo de personas, que a toda costa, pretenden eternizase en el ejercicio del poder, vulnerando con esta pretensión el derecho que tienen otros ciudadanos a por lo menos aspirar; pero hasta esta opción puede ser tronchada por sectores reeleccionistas que se benefician de esas odiosas repeticiones.
No debe ser un secreto para nadie, que cuando un funcionario de cargo electivo comienza a acariciar la idea de ser reelecto, trata por todos los medios de hacerse el simpático con los poderes fácticos ( empresarios, iglesias, sindicatos, partidos de oposición, entre otros ), que son los que en definitiva, logran en gran medida por la influencia que ejercen en los distintos sectores que representan ,concitar el apoyo del electorado para tal o cual candidato, y esto sin mencionar la "deuda política" que ya tienen con esos sectores de poder, por la campaña originaria que le llevo a obtener la posición que quieren mantener y que viene siendo una especie de "pecado original", ya que no excluye a ningún aspirante, sea nuevo o reeleccionista . Y es a partir de este momento donde los ciudadanos comienzan a percibir que se "gobierna" para un reducido segmento de la población general, mientras sus necesidades mas elementales no son satisfechas en lo más mínimo, generando un contraste social tangible e intangible, que marca la frontera que divide a los pocos privilegiados, del resto de la sociedad.

Es por ello, que hemos venido propugnando para que en la nueva Constitución se aumente el mandato presidencial a seis años y que se elimine para siempre la reelección, se introduzcan las figuras del referendum y el plebiscito a los fines de que el pueblo pueda ejercer un control efectivo de las acciones de un presidente que sabe que jamas volverá a serlo y que por esta razón pueda sentirse tentado a malversar fondos del erario público e incurrir en prácticas que vulneren la soberanía nacional. Además somos partidarios de que a los presidentes salientes, se les quite el derecho de aspirar a cualquier otro cargo de elección directa, ya que sería saludable para la nación tener un presidente que gobierne y no a un aspirante en el poder en proselitismo permanente, concediendo, permitiendo, y dejando pasar, para conseguir apoyo de cualquier especie.
Pero no solo debe eliminarse la reelección en el Ejecutivo, como ya hemos expresado precedentemente, también en el Legislativo (senadores y diputados) y en los gobiernos locales, (síndicos y regidores). Que el que ha sido legislador en una u otra cámara no pueda repostularse a la posición legislativa que ya ocupo por un período constitucional, pudiendo sólo aspirar a cualquier cargo electivo que no haya ocupado, hasta llegar al de la presidencia, donde habrá de culminar su carrera política. Solo de este modo se puede garantizar un efectivo relevo generacional, tanto a lo interno de las agrupaciones políticas, como en la sociedad en sentido general, lo cual es fundamental para el desarrollo social e institucional del país. El ámbito judicial no lo abordaremos en esta ocasión, ya que sus integrantes no son elegidos de manera directa, son designados, por lo que este tema lo discutiremos en una próxima entrega, conjuntamente a lo que tiene que ver con el Ministerio Público, teniendo en cuenta que son alas del mismo pájaro.

Señores Asambleistas, la Nación dominicana clama por una Constitución que de preeminencia a las instituciones frente a los particulares, y que promueva el desarrollo integral de los ciudadanos. Una Constitución que inspire respeto a los mismos, sin que haya necesidad de reprimir para hacer cumplir sus preceptos. Pero sobre todo, el pueblo dominicano anhela una nueva Constitución que no albergue el fantasma de la reelección, que tanto daño ha hecho a nuestra patria.

Señores Asambleistas, en este momento histórico, ustedes tienen la facultad de producir los cambios y de incluir lo necesario a esta nueva Carta Magna, para asegurar el perfeccionamiento individual y colectivo de todos los que integramos este Estado. Pero tengan ustedes la seguridad, que ningún esfuerzo habrá servido y que se exponen a enfrentar el dedo acusador de las próximas generaciones, si en esta oportunidad no se hace despertar al pueblo de la pesadilla de la reelección. Eliminémosla ya!!












































































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